Luis Noya Domínguez destacó en el fútbol y la gestión social

(Redacción VFH)
Uno de tantos inmigrantes gallegos afincados en Venezuela, Luís Noya Domínguez, construyó un legado dual que abarca desde la época dorada del fútbol nacional hasta la fundación de las principales instituciones sociales de la colectividad gallega en el país. Su vida, marcada por el exilio y la capacidad de diálogo, lo convirtió en un actor clave tanto en el deporte como en la reconciliación social de la diáspora.
Caracas, 1960. Un acuerdo. En un contexto de fractura ideológica entre los exiliados de la Guerra Civil Española, Luis Noya Domínguez emergió como la figura conciliadora que permitió sentar en la misma mesa a franquistas y republicanos. Ese año, su labor de negociación fue determinante para la fundación de la Hermandad Gallega de Venezuela en Caracas, la primera institución en agrupar a toda la colectividad sin distinciones políticas. Este rol de «arquitecto social» sería una constante en su vida.
Fue un futbolista destacado en la época dorada. Antes de ser un gestor cultural, Noya ya era un nombre conocido en las canchas venezolanas. Llegado a Venezuela a mediados de los años 50, inició su carrera en el fútbol de colonias con el Celta del Lar Gallego en el Torneo Ibérico, y destacó en el ámbito colegial con el Loyola. Su talento lo llevó a la primera división profesional, donde se proclamó campeón con la camiseta de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y vistió posteriormente las de Estudiantes del Loyola y el Banco Obrero.
Más allá de sus títulos individuales, Luís Noya fue testigo y partícipe de la fusión que dio origen a uno de los clubes más emblemáticos del país. Formó parte de las negociaciones y la base deportiva que en 1960 unió a los clubes gallegos para fundar el Deportivo Galicia, equipo que destacaría en el fútbol venezolano de por lo menos dos décadas.

Luís Noya Domínguez en la Hermandad Gallega de Venezuela, dando información a Manuel Álvarez Quiroga

De Propatria a España y luego a Valencia, un viaje que no fue corto el de Luis Noya, quien también fue el hombre de la gestión.

Paralelamente al deporte, Luís Noya se integró rápidamente al tejido productivo del país. Cuando llegó a Caracas residió en el sector de Propatria y compaginó su actividad como futbolista, con su trabajo como técnico en reparación de electrodomésticos, trabajo complementario con el que lograba generar más recursos, porque producto de su amistad con jugadores de clubes en los que compitió, logró más adelante ocupar un puesto administrativo en la construcción de infraestructuras claves para aquella Venezuela en pleno crecimiento, como la Carretera de La Guaira a Los Caracas bordeando la costa, y el Sistema Teleférico de Caracas, que arranca en Maripérez y termina en La Guaira, por el sector Las 15 Letras, después de bajar por Galipán.
Tras un breve retorno a España en los años 70 para gestionar la imprenta familiar, Gráficas Numen, Noya regresó a Venezuela para establecerse definitivamente en Valencia, estado Carabobo. Allí, junto a su hermano Rodolfo, fundó una reconocida Venta de Repuestos de la empresa Ford Motors Company.
Fiel a su vocación fundacional, a principios de los años 80 impulsó la creación de la Hermandad Gallega de Valencia. Su gestión fue clave en las negociaciones y trámites para la adquisición de los terrenos donde actualmente se asienta la institución social, recreativa y deportiva, consolidando así un nuevo núcleo de reunión para la colectividad hispana en la región central del país.

Luís Noya Domínguez entrega el trofeo al capitán del equipo de Baloncesto Galicia por su victoria ante la selección de la Academia Militar en partido amistoso

Luis Noya Domínguez partió de este mundo hace alrededor de 15 años, según nos informaba nuestro Director Luís Vidal, dejando un legado como ejemplo de la generación de inmigrantes que no solo construyeron su futuro en Venezuela, sino que sentaron las bases de su organización comunitaria y su identidad deportiva.

Equipo de Baloncesto Galicia, de la Hermandad Gallega, a la izquierda Luís Noya junto al entrenador del equipo, Pedro «Mamiro» Jiménez