Fotos con historias
El Real Madrid y Di Stéfano en Mérida
Ricardo Cabrera
La popular frase “una imagen vale más que mil palabras”, la transformamos para nuestro trabajo periodístico en “una foto dice más que mil palabras” que es en esencia lo mismo, para arrancar con una sección en la que buscaremos publicar y darles realce a fotografías que tienen mucho de historia de nuestro fútbol, fotos que por sí solas nos narran eventos, momentos y situaciones que destacan, o que vengan respaldadas por anécdotas de los protagonistas, de los que en esas fotos aparecen.
Iniciamos con una fotografía que, desde que me la facilitó Camilo Temes para ilustrar el reportaje cuando escribimos su biografía para el portal, me pareció sumamente interesante por los personajes que en ella aparecen, y el contexto en el que fue tomada, lastimosamente no sabemos por qué fotógrafo, pero a inicios de los 80.
Es la que encabeza esta nota, en el gramado del Estadio “Guillermo Soto Rosa” antes de ser remodelado, porque vemos en la tribuna principal (no existía aún la del frente) una pequeña parte de las viejas casetas de transmisión, que fueron luego derribadas y colocadas otras en la tribuna del frente, y en el lado derecho y detrás del último jugador de pie, una de las cuatro torres de iluminación que estaban dentro del estadio como caso único en el país.
En el equipo vemos a 12 jugadores, arriba o parados de izquierda a derecha Omar el “Pulpo” Colmenares recién retirado del profesional y quien nos informó referente a la foto, que estaba en Mérida llamado por Walter “Cata” Roque para ser el primer preparador de arqueros en una selección nacional de fútbol.
A su lado está Vitonicola Fiore, dirigente federativo; el promotor y empresario Camilo Temes, quien estaba montando una serie internacional de fútbol en el marco de la Feria del Sol; el gran Alfredo Di Stéfano, que vino con el Real Madrid como asistente del técnico Luís Molowny; el Doctor Carlos Enrique Peña, asesor jurídico de Temes; Mauricio Rigobón como Guardameta, gran amigo de “Turi” Agüero y comentarista de deportes en Venezolana de Televisión; y el último es simplemente Paco, según nos señaló Camilo Temes, quien formaba parte de la delegación del Real Madrid.
Agachados están Roberto Salinas, quien era delegado de la selección de Venezuela, según nos señaló el Pulpo; Antonio Gómez Benítez, jugador argentino que estaba recientemente retirado del fútbol activo; el gran narrador y comentarista de fútbol y deportes de motor Omar Alí “Turi” Agüero, que seguramente estaba en su ciudad natal, Mérida, para narrar partidos del torneo internacional de la Feria del Sol; el brasileño José Texeira, técnico del Millonarios de Colombia, club que también estaba en Mérida por esos días. Por último está el gran “Bejuma”, exjugador y luego técnico de origen canario radicado en el país.
Sacando cuentas nos parece que de estos 12 de la foto solo 3 siguen en este plano, Camilo ya retirado desde hace tiempo en un pueblito costero de Tenerife; Carlos Enrique Peña y Omar el “Pulpo” Colmenares, quien nos dio alguna información.
Entre otras cosas nos señaló que hacía poco se había retirado de la actividad profesional, y estaba en Mérida formando parte del cuerpo técnico de la selección de Venezuela que lideraba el gran Walter “Cata” Roque, siendo el primer preparador de porteros en una selección de fútbol de Venezuela.
Recordó que no jugó en el arco porque allí lo hizo Mauricio Rigobón, pero se dio el lujo de jugar en el mediocampo al lado nada más y nada menos que de Alfredo Di Stéfano con quien formó buena dupla y que en el fragor del partido le gritó “Che Pulpo pasame la bola para que te hagás grande”
Cuando le pedimos a Camilo Temes que nos hable de la fotografía, nos señaló que no recordaba el equipo rival, pero sería seguramente una selección de jugadores veteranos de Mérida, pero nos contó la siguiente anécdota:
“Bueno, Ricardo, esa foto que me mandaste… muy bonita, la verdad. Una foto para enmarcar, con esas figuras mundiales. Me trae recuerdos.
Te voy a contar una cosa que pasó en esa gira del Real Madrid por Mérida, que no sé si te la había contado ya. Fue a la hora de salir para España. El equipo ya tenía que volver, estaba activa la Liga, y todo tenía que ser rápido.
Yo había encargado un autobús para llevarlos al aeropuerto de Mérida, rumbo a Maiquetía. Pero el autobús se averió. Y ahí me vi, en un apuro tremendo. Era entre semana, a esa hora, y todas las compañías de transporte estaban cerradas. Yo con el equipo en el hotel y el último vuelo por salir, todo eso poniéndose nervioso.
Se lo comenté a Di Stéfano, que era como mi salvavidas en esos líos. Y me dijo: “Tranquilo, gallego, vamos a solucionar esto”.
Desde el hotel, yo veía allá abajo, en un acantilado como a quinientos metros, una camioneta estacionada. Una cochinería, pero era lo único. “Dale”, me dijo Alfredo, “bájate y habla con ese hombre a ver”.
Bajé por un camino de piedras, incómodo. Y cuando llego… ¡Dios mío! La camioneta era del año treinta y seis o cuarenta. Tenía la carrocería doblada para un lado y la motor para el otro, parecía una “S”. No estaba cómoda, pero ¿qué íbamos a hacer? Necesitábamos algo, al menos para la montaña de equipaje que traían. Bolsos para entrenar, cosas personales… mucho bulto.
Contraté al señor con la camioneta vieja. Subir esos seiscientos metros hasta el hotel en ese cacharro nos tomó como cuarenta y cinco minutos. Y te digo una cosa: antes de llegar, me dio una vergüenza terrible. La paré a cien metros del hotel La Pedregosa y fui caminando.
Le dije a Di Stéfano: “Mira, Alfredo, esto es lo que hay. Tengo pena de llevarla hasta la puerta”. Él, tranquilo, me dice: “No, no, llévala, ponla frente al hotel”.
Bueno. La puse ahí, frente a la entrada principal. Y yo no sabía cuál iba a ser la cara del equipo, y sobre todo del entrenador, Luís Molowny.
El primero en salir fue Molowny. Y en vez de ponerse serio, ¡le causó gracia! Se rió. Y con Alfredo apoyando, ya tenía yo la batalla ganada. Salió el resto del equipo y… fue una risa general. Todos muertos de la risa con la camioneta doblada.
Subimos todo el equipaje, que ya no cabía más. En plan de broma, Camacho y del Bosque se montaron encima de las maletas, ahí arriba, haciéndose los payasos. Claro, después se bajaron para poder arrancar.
Al final, entre esa camioneta y unos carros particulares que conseguimos, logramos llevar a toda la plantilla al aeropuerto.
Fue una anécdota no muy agradable en el momento, por el susto, pero después, simpática. Son cosas que pasan en ciudades pequeñas, alejadas de la capital. Te queda el recuerdo”.



