De la Academia a la Fe: El Viaje de un Embajador del Fútbol Venezolano
Ricardo Cabrera
La historia de Fernando De Ornelas con el balón comenzó en el lugar donde se forjan los sueños: la Academia Venezolana de Fútbol (AVF). Allí, bajo el riguroso sol caribeño y la guía de maestros como Pedro Castro y Pedro Acosta, sus pies aprendieron no solo a dominar el esférico, sino a caminar el largo sendero de la disciplina. Los entrenamientos, que se intensificaban al ritmo de su crecimiento, fueron los cimientos de una carrera que pronto trascendería las fronteras.
Su salto a la profesionalismo llegó con el Marítimo de Venezuela, la primera puerta que se abrió a un universo de posibilidades y, también, a humildes lecciones, como aquel debut ante el Caracas que terminó en expulsión temprana.Su trayectoria se convertiría en un verdadero mapa futbolístico. Vistió la camiseta de clubes emblemáticos en Venezuela, desde el Táchira hasta el Zulia, pero fue en el exterior donde su leyenda adquirió dimensión internacional. Su pasaporte se llenó de sellos de clubes tan diversos como el Celtic de Escocia, el Queens Park Rangers inglés, el Nuremberg alemán o el Olympiakos chipriota, demostrando una versatilidad y capacidad de adaptación poco comunes. Compartió césped y vestuarios con leyendas inmortales: desde Cafú y Romario como rivales, hasta Henrik Larsson y Juan Arango como compañeros, tejiendo una red de experiencias en la elite mundial.
Con la Vinotinto De Ornelas cumplió el sueño máximo de todo futbolista durante siete años consecutivos (2000-2007). Entre sus recuerdos más vívidos, brilla con luz propia su primer gol con la selección, un momento de pura culminación personal, junto a la experiencia única de disputar una Copa América en casa y el orgullo de anotar un gol en suelo europeo contra Austria. Cada entrenador en su camino, desde Alfredo López hasta John Barnes, dejó en él una enseñanza particular, moldeando no solo al jugador, sino al hombre.Hoy, con los botines colgados, su vida ha tomado un rumbo profundamente significativo. Reside en Noruega, donde combina su vocación de servicio como pastor en una iglesia cristiana, con su pasión por el fútbol, dirigiendo un equipo en la cuarta división para desarrollar talento joven. Desde esta singular perspectiva, observa el fútbol venezolano actual y reconoce un crecimiento tangible, pero también advierte sobre los persistentes desafíos de organización. Su viaje, desde las canchas de la AVF hasta el pastorado en Escandinavia, es el testimonio de una vida buscando y encontrando propósito, tanto dentro como fuera de las líneas del campo.
Cuestionario: Los Cimientos de una Leyenda Itinerante
«Mis primeros pasos organizados fueron en la AVF, la Academia Venezolana de Fútbol. Allí todo comenzó.¨´
2- ¿Cómo era la formación (entrenamientos, preparación) en esa época?
«Era un proceso escalonado, siempre por categorías y edades. A medida que ibas creciendo, los entrenamientos se volvían más exigentes, preparándote paso a paso para lo que vendría».
3. ¿Qué entrenadores tuviste en esa época?
«Tuve la fortuna de aprender de grandes formadores como Pedro Castro, Pedro Acosta y el paragua Jiménez. Ellos pusieron los primeros ladrillos».
4. El salto al futbol profesional…
«Se dio con el Marítimo de Venezuela. Fue el puente entre el sueño y la realidad».
5. ¿Con cuáles equipos jugaste?
«En Venezuela con Marítimo, Unión Atlético Táchira, Deportivo Chacao, Monagas, Unión Atlético Maracaibo, Zulia FC, y en el exterior con South China, Crystal Palace, QPR, Marítimo de Funchal, Celtic FC, 1. FC Nürnberg, Olympiakos Nicosia, ODD Ballklubb».
«Era muy competitiva, gracias a una gran cantidad de buenos jugadores, tanto nacionales como internacionales. Cada partido era una batalla».
7. ¿Contra qué estrellas de la época jugaste? ¿Y con quién compartiste en el mismo equipo?
«Me enfrenté a muchos, entre ellos Cafú, Simeone, Verón, Romario, Chilavert, Zé Roberto, Matheus y Oliver Kahn, y tuve el honor de compartir camarín con gigantes como Henrik Larsson, Viduka, Paul Gascoigne, Arango y muchos más».
8. ¿Qué juego recuerdas con mayor entusiasmo?
«Tres me llenan el corazón: mi primer gol con la selección, jugar la Copa América en Venezuela, y marcar un gol contra Austria en suelo europeo. Son momentos imborrables.
9. ¿Qué juego eliminarías en tu carrera?
«Sin duda, mi debut en el profesionalismo contra el Caracas… me expulsaron. Fue un amargo comienzo que, sin embargo, me enseñó mucho».
10. Tu experiencia con la camiseta de la Vinotinto…
«Participé 7 años con la Vinotinto, del 2000 al 2007, y representar a tu país es el objetivo y el honor máximo para cualquier jugador de fútbol, es un orgullo que llevo tatuado en el alma».
11. ¿Quiénes fueron tus entrenadores durante tu carrera profesional y qué rescatarías de cada uno de ellos?«Pasé por las manos de varios, cada uno único: Pedro Castro, Pedro Acosta, Alfredo López (QEPD), Casimiro Mior, John Barnes… De cada uno rescato una lección distinta, un detalle que ayudó a formar al jugador y a la persona que soy hoy en día».
12. Después de colgar los botines, ¿a qué te dedicaste?
«Hoy, mi vida tiene un nuevo centro. Soy pastor en una iglesia cristiana en Noruega y, al mismo tiempo, soy entrenador de un equipo de 4ta división, donde me dedico a desarrollar talento joven. Ambas vocaciones se alimentan entre sí».
13. ¿Cómo ves el fútbol actualmente en Venezuela?
«Lo veo en crecimiento, pero al mismo tiempo con varios desafíos de organización. Hay un camino recorrido, pero todavía queda mucho por hacer y estructurar para alcanzar todo nuestro potencial».
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El Viajero del Balón: Crónica de un Futbolista Sin Fronteras
La carrera y la vida de Fernando De Ornelas da para escribir mucho, fue un atlas vivo del fútbol. Un periplo que comenzó en las calurosas canchas de Venezuela y se extendió por continentes, dejando huellas en céspedes tan diversos como los de Ucrania, China, Grecia, Polonia y Argentina. Más que un futbolista, se convirtió en un viajero del balón, un embajador accidental que llevó el nombre de su país a rincones inesperados. Su historia no es solo la de goles y partidos, sino la de un hombre que aprendió a encontrar un hogar en la transitoriedad, construyendo resiliencia en cada nueva ciudad, en cada nuevo vestuario donde el idioma y las costumbres eran un desafío inicial.De todas sus experiencias, fue en Ucrania donde forjó un vínculo que trascendió lo deportivo. Allí no solo conquistó títulos y la afición, sino que encontró una segunda patria, un lugar cuyo idioma aprendió y cuya gente llevó en el corazón. Ese lazo, tejido en años de inviernos crudos y triunfos compartidos, se reveló como el más sólido de su carrera, una prueba de que el fútbol puede ser un lenguaje universal que construye puentes profundos y perdurables entre culturas.
Al reflexionar sobre el presente del fútbol venezolano, su mirada es de orgullo templado por la sabiduría de quien lo ha visto crecer desde sus cimientos. Reconoce el salto monumental en profesionalismo y estructura, un progreso que él y su generación apenas empezaban a vislumbrar. Sin embargo, advierte con seriedad que el camino es largo y que la verdadera madurez llegará cuando la mentalidad de los jugadores evolucione junto con el juego: cuando se entienda que ser futbolista es una profesión de 24 horas, de disciplina constante, y no solo un talento que se enciende durante los 90 minutos en el campo.Su legado, más allá de los registros deportivos, es una filosofía forjada a fuerza de adaptación. Un testimonio de que la carrera de un futbolista es un viaje de aprendizaje continuo, donde la humildad para empezar de cero y la fortaleza para superar la añoranza son tan cruciales como la técnica. Hoy, desde la perspectiva que da el retiro, se erige no solo como un referente del fútbol venezolano, sino como un ciudadano del mundo cuyo mayor triunfo fue convertir cada despedida en un nuevo comienzo, y cada experiencia en una lección para la vida.
El Mundo en Sus Botines
-Su carrera lo llevó a jugar en Ucrania, China, Grecia, Polonia, Argentina y, por supuesto, Venezuela. ¿Cómo vivió esa experiencia de adaptarse a culturas y estilos de fútbol tan diferentes?
«Fue un desafío permanente, pero también mi mayor escuela. Cada destino era empezar de cero: un nuevo idioma, nuevas costumbres, una forma distinta de entender el fútbol y la vida. En Ucrania, por ejemplo, el fútbol es físico, rápido, intenso. En Argentina, es pura pasión y viveza táctica. Esa adaptación constante me hizo más fuerte, más completo. Aprendí que el talento no es suficiente; hay que tener la mente abierta y el corazón preparado para abrazar lo desconocido. Fue agotador a veces, pero mirando atrás, no cambiaría ni un solo día de ese viaje».
«Sin duda, Ucrania. Llegué muy joven y allí pasé años maravillosos. Ganamos títulos, vivimos momentos históricos con el club y la afición se me entregó por completo. Aprendí el idioma, entendí su cultura, hice amigos para toda la vida. Es un país que me dio tanto a nivel profesional como humano. Incluso después de irme, siempre lo llevo conmigo. Es mi segunda casa».
-Desde su perspectiva, ¿cómo ve la evolución del fútbol venezolano desde su época como jugador profesional hasta el día de hoy?
«Ha habido un cambio abismal, para bien. En mis inicios, todo era más amateur, con menos estructura. Hoy los jugadores venezolanos tienen más herramientas, mejor preparación física y táctica, y hay un camino más claro. Se ha profesionalizado mucho. Sin embargo, aún nos falta dar el último paso: madurar la mentalidad. Falta que muchos entiendan que esto es una profesión de 24 horas al día, de disciplina constante, de cuidar cada detalle. El talento lo tenemos; ahora debemos pulir la actitud para competir constantemente al más alto nivel».
«La resiliencia. Aprender a estar lejos de los tuyos, a superar la soledad inicial, a levantarte después de una derrota en un lugar donde todo te es ajeno. El fútbol te enseña que después de cada caída, hay un próximo partido, un próximo reto. Esa capacidad de adaptarte, de reinventarte y de seguir adelante, sin importar las circunstancias, es el mayor regajo que me llevo. Y algo más: el respeto. Respetar cada cultura, cada forma de jugar, cada persona que conoces en el camino. Eso te hace no solo mejor futbolista, sino mejor persona».








